Domingo, 12 de Febrero de 2012
Jueves, 9 de Febrero de 2012

Estoy disfrutando mucho estos días leyendo entrevistas a Alberto Vázquez-Figueroa. El tío huye de todo tipo de esnobismo y rechaza toda pose mesiánica, tan frecuente en el mundo literario.
Una muestra:
En su opinión, ¿cuál es su mejor y su peor novela?
Yo sólo he escrito una buena novela en mi vida “Tuareg”, luego hay
algunas que no están mal, y malísimas 30 ó 40, ¿cuál es la peor de
todas? Eso sí que es difícil de contestar, ni yo mismo sería capaz de
decirlo.
¿Hay alguna por la que sienta especial cariño?
La serie de Cienfuegos, porque es muy divertida, me reí mucho
escribiéndola. Cuando la estaba escribiendo en Lanzarote, entraba mi
mujer y me preguntaba “¿de qué te ries?” Y yo le contestaba: ”de las
bobadas que se le ocurren a Cienfuegos”. Entonces ella me decía “pero
no se le ocurrirán a él, se te ocurrirán a ti”, y yo decía “no, a mi
no, yo soy incapaz de decir las tonterías que dice este tipo”. Me
divertí mucho escribiéndola.
¿Y tú qué tal te llevas con los intelectuales? ¿O no te llevas?
Había un crítico que era el Papa Upa de las críticas, que se llamaba
Leopoldo Azancot. Una vez vi un libro de él y lo compré. Empiezo a
leerlo y en la página diecisiete dice: “Y en el silencio de la noche
del pueblo del desierto, tan solo se escuchaba el resonar de los
cascos de los camellos sobre el empedrado de la calle”. Un momento. En
primer lugar, ¿una calle del desierto empedrada?, la arena en dos
minutos la habrá cubierto, pero bueno. Y segundo y principal, “los
cascos de los camellos”… ¡Este tío no ha visto un camello en su
vida! Ni siquiera se ha molestado en ir al zoológico a ver que los
camellos tienen unas patas blandas y almohadilladas para no hundirse
en la arena. “Los cascos de los camellos”… ¡tócate los cojones! Sigo
adelante y dice: “En el fondo de una de las cestas que el camello
llevaba a cada lado estaba escondida Fátima la cautiva”. Joder, Fátima
la cautiva debía de ser de ochenta centímetros, porque un camello lo
máximo que puede llevar, yendo muy jodido, son treinta o cuarenta
kilos a cada lado. ¡Me cago en la madre que lo parió! ¿Qué era, una
mezcla de camello y elefante? Así que pensé, mira, el mejor crítico de
España que se vaya muy lejos a escribir novelas y a criticar. Cuando
tienes mi edad hay un momento en que llegas a la conclusión de que lo
mejor es pasar de todo. Tú sabes quién eres. Yo soy así, que te gusta,
pues bien. Que no te gusta, pues me da igual.
A nadie lo amarga un Planeta…
Suponte que un día aceptara la propuesta de ganar el Planeta, que me
la habrán hecho así como treinta veces. Primero y principal, me dan
cincuenta millones del premio de los cuales la mitad se los lleva
Hacienda. Mal negocio. Segundo, ganar un premio significa aguantar
ruedas de prensa, ir a la tele, al Corte Inglés, ir aquí y allá…
¡por ningún dinero del mundo! Imagínate dos meses dando entrevistas.
Para pegarte un tiro. Y tercero, inmediatamente te dirían: “Has ganado
el premio con tu peor novela”. Y para que yo gane un premio con mi
peor novela ha de ser malísima, malísima (risas).
¿Ni siquiera para alimentarte el ego?
A mí me dan el Premio Planeta y es como si me dieran una patada en los
cojones. La última vez que estuve con el viejo Lara me dijo: “Yo
acabaré convenciéndote. Eres el único que queda”. Y yo le dije: “Pues
don José Manuel, lo tiene usted crudo”. José Saramago vive a
quinientos metros de tu casa.
[http://www.bibliofiloenmascarado.com/2010/04/08/alberto-vazquez-figueroa-nos-abre-las-puertas-de-su-casa/]
[http://www.ruyman.eu/avfentrevistalycos.htm]
Martes, 7 de Febrero de 2012
Yo le di la bienvenida a mi universo.
Le expliqué cada detalle
con cariño y sin urgencias.
Asintió dando a entender que comprendía.
Le conté dónde ponía cada verso
y por qué. También le dije
dónde cuelgo los abrazos
que luego salgo a buscar en plena noche,
el cajón donde acumulo los domingos;
dónde están mis chistes malos
y mis neuras de reserva.
Vivimos juntos un tiempo en mi buhardilla.
Pero se fue. Y su marcha dejó un ruido
de canicas en mi pecho.
Si se van, sólo les pido
que me dejen todo tal y como estaba.
[Trovademécum, libro inédito].
Domingo, 5 de Febrero de 2012

Debería leer a Roberto Bolaño. En realidad, Roberto Bolaño es sólo uno más entre las decenas —si no centenas— de autores que debería haber leído. Pero me ha venido hace poco a la memoria en base a sabe quién qué procesos mentales.
El otro día vi este documental.
No me cayó mal el hombre. Parecía buena persona. Muy trabajadora y con la vocación grabada a fuego.
Le pregunté a Alberto Olmos si merecía la pena leerlo y me recomendó Los detectives salvajes.
El problema que tengo a la hora de leer a Bolaño es, de nuevo, el mismo problema que tengo a la hora de enfrentar tantas y tantas lecturas de supuesta —e impuesta— obligación moral: sé a ciencia cierta que no me va a gustar.
Y cuando digo a ciencia cierta, hablo de una certeza rayana en el cien por cien. ¿Cómo puedo aventurarme a hacer tal afirmación? ¿De dónde procede esta convicción íntima que se opone a toda lógica? Un autor contemporáneo, considerado poco menos que un genio, cuya literatura se supone peculiar, de marcado estilo… Pero yo sé que no. Yo sé que no me va a gustar.
Diré más: no me gustan los libros de Roberto Bolaño y no los he leído.
No existe paradoja en lo expuesto en el párrafo anterior. Supongo que puedo explicarlo. La sensación es la misma que cualquiera tendría si una persona o grupo de personas le insistiera en que viera una película de Joselito. La situación sería análoga:
—Tienes que ver (leer) una película (un libro) de Joselito (Roberto Bolaño).
—¿Pero para qué, si ya sé que no me va a gustar?
—Pues a mucha gente le gusta. Está considerado un clásico, alguien que ha marcado una época.
—Ya, pero es que estoy convencido de que no me va a gustar. To-tal-men-te con-ven-ci-do.
—En serio, tienes que ver (leer) El ruiseñor de las cumbres (Los detectives salvajes).
—Creo que veré (leeré) mejor una de Bruce Willis (Michael Connelly).
Roberto Bolaño o Joselito: dos mitos o dos blufs. Dos grandes o dos más.
Domingo, 29 de Enero de 2012

Raúl Sánchez, excelente poeta que he descubierto hace poco de la mano de Karmelo C. Iribarren y que recomiendo leer, me escribe un correo de ésos que alegran el día:
Hola Rafael:
Ya me ha llegado y he leído ‘Dadá demodé’. Como sospechaba me ha encantado: te descubrí ojeando en una estantería un Bukowski Club en el que salía ‘El bueno, el feo y el malo’ -creo que se titulaba así. Desde entonces iba detrás de tus libros pero me gusta comprarlos directamente de las librerías y no por encargo -al final tuve que desistir y lo he conseguido esta mañana pidiéndolo.
Bueno, todo este rollo para pedirte permiso para poner algún poema en mi página de Facebook -no la personal sino la de ‘Asideros del abismo’- en la que voy intercalando poemas o extractos de otra gente (a modo de diario de lecturas, nada más). Nunca pido permiso porque parece que es autopromocionarme y hacer la pelota pero el aviso de la primera página en tu libro me tira para atrás. Por supuesto respeto si no quieres que lo ponga -quizá pondría algunos hai-kús, aunque en realidad me encantaría colgar el de ‘El bueno, el feo y el malo’ pero no tengo el libro-.
No te agobio más.
Dime algo si te apetece.
Un abrazo muy fuerte.
Raúl Sánchez.
http://www.asiderosdelabismo.blogspot.com/
http://poesiaalgrano.blogspot.com/
http://plegariasdeldesprecio.blogspot.com/
Domingo, 22 de Enero de 2012
Hace unos meses, la revista Culturamas se puso en contacto conmigo. Estaban preparando una antología poética y me pedían una colaboración. Pensé que aquél era un magnifico púlpito desde el que gritar al mundo literario lo que pienso de todo este tiovivo.
El escándalo de Luis Antonio de Villena o el fallo del Hermanos Argensola de 2010, entre otros muchos despropósitos, me dieron argumentos suficientes para poner todos estos pensamientos por escrito.
Una gran reflexión de Alberto Olmos en una entrevista en la que hablaba de Houellebecq ―«¿Es posible que en España gane un autor el Premio Nacional de novela y lo definan como machista, misógino, clasista, egoísta? Es imposible»― me sirvió como espoleta para escribir el estribillo.
Los dos premios de Yolanda Castaño ya sabemos todos cuáles son.
Viernes, 20 de Enero de 2012

Canalla Ediciones edita una antología en la que participamos noventa y ocho poetas asiduos al Bukowski Club.
Carlos Salem, Óscar Aguado, Ana Pérez Cañamares, Silvia Oviedo, Marta Fernández…
Más información aquí.
Lunes, 16 de Enero de 2012

Corto es el arte. La vida, en cambio, larga. Como una mudanza.
Con esta cita de Ángel González tuneada, puedo resumir el estado de las cosas.
Una mudanza y diversos makeleles domésticos asociados se llevan gran parte del siempre escaso tiempo del que dispongo.
Estoy sacando minutos para la literatura de debajo de las piedras.
¿Qué es lo que estoy haciendo? Corregir dos libros.
Uno de ellos es mi poemario Trovademécum. El otro es mi novela Malasaña chai tea. Hay buenas noticias: parece que finalmente van a publicarla. Todavía no hay una fecha concreta. En cuanto la sepa os informaré.
Sabado, 7 de Enero de 2012
[05/01/12]
En la bolera de Chamartín, tras comprar seis bolos de segunda mano para el padre de mi novia y conseguir meterlos en una mochila, espero pacientemente a que un niñato archiequipado con bolas propias que ahora mismo hace ejercicios de calentamiento, lance de una sacrosanta vez.
Lo hizo. Es malo. Pero es simpático al menos. Le he formulado mi duda histórica: ¿Es posible darle correctamente efecto con una bola no contrapesada? Su respuesta: si eres bueno, sí. Ha intentado hacerlo y no le ha salido mal.
Sabado, 31 de Diciembre de 2011

«Siéntate y escribe» es el título del último libro de Roger Wolfe (¡siempre Roger Wolfe!). Yo digo: siéntate y escribe, de acuerdo. Pero luego, levántate.
La imagen del escritor entregado a la mala vida es un tópico al que hay que derrotar. Murakami ya lo hace y lo explica en su libro De qué hablo cuando hablo de correr. Otros también nos revelamos contra el estereotipo del tísico, del borracho, del alérgico al gimnasio.
Ya se habló en este blog de la importancia del deporte en un artículo de idéntico nombre.
Reproduzco aquí un extracto de un texto que escribí en mi diario hace unos meses:
«Hubo un tiempo en que yo hacía deporte. Jugaba al fútbol. Como mínimo, una vez a la semana. Es todo el deporte que hacía, pero era suficiente.
Llegué a Madrid y esa frecuencia descendió hasta situarse en una vez al mes. La capital es muy grande y la gente y los campos están diseminados. No es difícil juntar a diez personas, pero sí lo es encontrar un día, una hora y un sitio que les venga bien a todos.
Finalmente, la gente con la que esporádicamente jugaba dejó de reunirse, con lo que mi práctica del fútbol concluyó.»
Se trata, pues, de hacer deporte. No sólo por salud, sino por todos los beneficios que dicha práctica nos brinda.
Hoy he ido a correr. Después de cuatro meses sin hacer nada de deporte salvo jugar al golf, correr sobre la arena de la playa durante algo menos de siete minutos ha sido suficiente para hacerme jadear y para empezar a coger un mínimo tono.
Resumen del día:
Escribir: ~5 horas.
Revisar y poner a punto mi poemario Trovademecum.
Ejercitar: ~7 minutos.
Fecha y hora: 31/12/11 14:14
Lugar: Torre del Mar (Málaga).
Descripción: Correr por la playa.
Tiempo empleado: 6:54
Activity class: 1.0
TE: 5.0
HR average: 172
HR peak: 189
Energía: 69 kcal